Por diversión

Hay poca satisfacción en las actividades olvidables. Por convención social se debe de hacer algo el viernes en la noche y durante el fin de semana. Ese “algo” usualmente es salir con amigos, tal vez tomar, tal vez ver una película, cenar, tomar un poco más, ir a un bar, ir a una fiesta, perder el aliento en el tráfico nocturno, todo con el afán de regresar a la cama, tumbarse y decir “hice algo”. ¿Sabes qué? Eso apesta. Pudre el alma con la noción de que la vida se llena con memorias cortas e intrascendentes. Gastamos la vida, dinero, cerebro, sonrisas sintéticas, a veces sólo por no quedarse atrás en el mosaico de actividades sociales. Soy víctima, confieso, pero no de las mortales.

A veces la fatiga de trasladarse de un punto A al B se justifica porque me la he pasado muy bien, con una compañía maravillosa. Pero a veces sólo hubiera preferido quedarme en mi casa, con mi gata, leyendo o algo así, ligero. A veces (o tal vez siempre) cambiaría la cerveza casual con mis amigos por un vaso de agua contigo, sin ir lejos, sin sufrir la pesada idea de que para divertirme tengo que entrar a perímetros de meseros, valet parking o colas infinitas.

En realidad soy sencilla, y primero voy a buscar un refresco en la mesa donde la mayoría de los envases son de alcohol. Voy a sorber mi triste Coca Cola con un popote, haciendo pensar a los otros que es cuba, porque todos los demás están chupando y a mí no me interesa adquirir un estado interesante para encajar. A veces (casi siempre) no me encanta la música que ponen porque me rehuso a menear el culo con Calle 13, me rehuso sin fin. Y no me gusta Rihanna y pienso que las canciones viejas de las que se supone me debo de saber la letra, son una idiotez desde que estuvieron de moda hace 15 años.

Ver a los demás hacer el ridículo es tal vez la razón para estar ahí. Y entonces las payasadas de los demás hacen al evento memorable, pero cuando no… regreso a mi cama en la noche, suspiro y pienso en lo que tú habrás hecho y si te la pasaste mejor que yo (porque en verdad lo espero). Si supiera que sólo tengo un fin de semana de vida, te pediría que viéramos una película en la computadora, que lucháramos en el ring de tu colchón, que hiciéramos chocolate con leche, que me dejaras contarte un cuento, que me dejaras escribir una historia en tu espalda con tinta invisible, que nos quedáramos dormidos luego de cansarnos. No sé si esto me convierte en alguien aburrida, pero definitivamente no me convierte en alguien infeliz.

Voy a tomar una siesta.

Lo tomé de Postsecret 25/03/2012

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